Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano COMO EL BAILE.— En nuestros días es preciso considerar como signo decisivo de la cultura el poseer un hombre bastante fuerza y ligereza para ser claro y riguroso en el conocimiento, y para ceder desde lejos al poder y belleza de la poesía, de la religión y de la metafísica. Es una posición difícil, porque la ciencia lleva a la dominación absoluta de sus métodos, y si no se cede a este impulso, hay que oscilar entre dos tendencias opuestas. Para abrir una perspectiva en la solución de esta fidelidad, recuérdese que la danza es algo más que un absurdo vaivén. Pues bien; la alta cultura es como la danza; necesita de fuerza y de ligereza.
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EL ALIVIO DE LA VIDA.— Aliviar la vida es idealizar sus sucesos; para esto es menester tener idea clara de lo que es idealizar, según la pintura. El pintor desea que la mirada del que contempla no sea ni muy exacta ni muy aguda, y le obliga a colocarse a cierta distancia; se ve forzado a suponer una distancia determinada, y a admitir en el espectador un grado de agudeza de vista muy determinado; acerca de estos puntos no tiene el derecho de estar indeciso. Así, todo hombre que quiera idealizar su vida, no debe mirarla muy de cerca sino a cierta distancia, como hacía Goethe.
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