Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 370
TOMAR EL COLOR DEL MEDIO.— ¿Por qué la simpatÃa y la aversión son tan contagiosas, que apenas si se puede vivir cerca de un hombre de pasiones fuertes, sin llenarse como un tonel de su pro y de su contra? Primero la completa abstención del juicio es difÃcil, a veces insoportable para nuestra vanidad: tiene el mismo color que la pobreza de inteligencia y de sentimiento, o que la timidez y la falta de virilidad, y asà nos sentimos arrastrados, cuando menos, a tomar un partido, aunque vaya contra la tendencia de quienes nos rodean, si esa actitud causa mayor placer a nuestro orgullo. Pero de ordinario —segundo punto— no adquirimos conciencia del paso de la indiferencia a la simpatÃa o a la aversión, sino que nos acostumbramos poco a poco a la manera de sentir de quienes nos rodean, y como la aprobación simpática y la cordialidad mutua son cosas muy agradables, no tardamos en tomar todos los caracteres y colores del medio en que vivimos.
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