Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano CONVERSACIONES A SOLAS.— El vis a vis es la conversación perfecta porque todo lo que dice el uno recibe su matiz determinado, su timbre, el gesto que lo acompaña únicamente en relación al otro interlocutor; es, por consiguiente, algo análogo a lo que sucede en la correspondencia, a saber: que una misma y sola persona muestra diez aspectos de la expresión de su alma, según que escriba al uno o al otro. En el vis a vis no hay sino una sola refracción del pensamiento: la que produce el interlocutor como el espejo en el cual queremos ver nuestras ideas reflejadas tan fielmente como sea posible. Pero ¿qué pasa en el caso de dos, de tres y de mayor número de interlocutores? Entonces la conversación pierde necesariamente en finura individualizante, las diversas relaciones se atraviesan, se destruyen: el giro que satisface al uno no satisface al otro. Por esto es por lo que el hombre en relación con muchos se encerrará en sà mismo, establecerá los hechos como son, pero quitará a los sujetos esa libre atmósfera de humanidad que hace de una conversación una de las cosas más agradables del mundo. Escuchad, si no, el tono en que se habla con grupos enteros de hombres, como si la base fundamental de todo el discurso fuera ésta: «¡He aquà lo que yo soy, lo que yo digo; tomad de ello lo que queráis!». Es la razón porque las mujeres espirituales dejan, en quien las ha conocido, una impresión sorprendente, penosa, desconsoladora: el hecho de hablar a muchas personas les quita el agrado, y sólo dejan traslucir el reposo consciente sobre sà mismas, su táctica y la intención de triunfar, mientras que las mismas damas, en el vis a vis, vuelven a ser mujeres y a encontrar su espÃritu.