Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano PRETENSIÓN.— Nada hay que deba evitarse tanto como el crecimiento de esa mala hierba que se llama pretensión y nos malogra las mejores cosechas, pues puede haber pretensión en la cordialidad, en los testimonios de respeto, en la confianza benevolente, en la caricia, en el consejo amistoso, en la confesión de las faltas, en la compasión por otro, y todas esas cosas tan bellas producen repugnancia cuando esta hierba crece en ellas. El pretencioso, es decir, el que quiere tener más importancia de la que tiene o de la que se le presta, hace siempre un cálculo falso. Es verdad que se asegura el éxito de un momento, en el sentido de que las personas delante de las cuales se muestra pretencioso le concede ordinariamente la medida de honor que reclama, por timidez o por indiferencia; pero sacan de ella una dura venganza, retirándole el equivalente de lo que ha reclamado en proporción mucho mayor del valer que le atribuÃan hasta entonces. Nada hay que los hombres se hagan pagar más caro que la humillación. El pretencioso deja siempre amenguado a los ojos de los demás su mérito real. Tampoco deberÃa uno permitirse una actitud soberbia, sino allà donde se tiene la seguridad de no ser mal comprendido y mirado como pretencioso, como por ejemplo, ante su amigo o su mujer. No hay en el tratado social mayor locura que atraerse la reputación de pretencioso; esto es peor aún que no haber aprendido a mentir por cortesÃa.
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