Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano PRÍNCIPE Y DIOS.— Los hombres se conducen bajo muchos respectos con su príncipe como con Dios, como que muy a menudo fue el representante de Dios, o a lo menos su gran sacerdote. Esta disposición de inquietud y de respeto casi penoso se ha hecho y es ahora mucho más débil, pero algunas veces reaparece y se vincula por lo general en los personajes poderosos. El culto del genio es una reminiscencia de esta veneración de los príncipes-dioses. Dondequiera que uno se esfuerce por elevar a los hombres individualmente a lo sobrehumano, nace la propensión a representarse generaciones enteras del pueblo como más groseras y más bajas de lo que son en realidad…
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MI UTOPÍA.— En un mejor orden de sociedad, el trabajo penoso y la dificultad de la vida serán atribuidas al que sufra menos, es decir, al más estúpido, y así por grados, hasta el que sea más accesible a las especies refinadas de sufrimiento, y que por consiguiente, aun en el mayor placer de la vida, sufre sin embargo.
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