Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL GRANDE HOMBRE DEL VULGO.— La receta para hacer lo que el vulgo llama un grande hombre, es fácil. Cualesquiera que sean las circunstancias, procuradle algo que le sea muy agradable o metedle en la cabeza que esto o aquello es muy agradable, y se lo dais después. Pero nunca en seguida: conquistadle con grandes esfuerzos, o fingid conquistarle. Es necesario que el vulgo tenga la impresión de que hay en ello una fuerza de voluntad poderosa, casi incontrarrestable; por lo menos es necesario que parezca que existe. La voluntad fuerte es admirada por todo el mundo porque nadie la tiene, y porque cada cual dice que si la tuviera no habría límites para él ni para su egoísmo. Por lo demás, que tenga todas las cualidades del vulgo: cuando menos se sonroje, más popular será. Así, que sea violenta, envidiosa, explotadora, intrigante, engañadora, rastrera, hinchada de orgullo, todo según las circunstancias.
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