Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano CORRUPCIÓN INOCENTE.— En todas las instituciones en que no llega a soplar el aire penetrante de la crítica pública, la menor corrupción brota y crece como un hongo (por ejemplo, en las corporaciones sabias y en las academias).
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EL SABIO COMO HOMBRE POLÍTICO.— A los sabios que se hacen hombres políticos, se les confía de ordinario el cómico papel de ser forzosamente la buena conciencia de una política.
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EL LOBO OCULTO TRAS EL CORDERO.— Todo político tiene alguna vez, en determinadas circunstancias, tal necesidad del apoyo de un hombre honrado, que semejante a un lobo hambriento, se introduce en el rebaño, no para devorar a los corderos, sino para ocultarse bajo su piel.
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