Humano, demasiado humano

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LA REACCIÓN COMO PROGRESO.— Algunas veces aparecen espíritus revoltosos, violentos y atrayentes; pero a pesar de todo, retrógrados que evocan una vez más la humanidad vieja, sirven para probar que las tendencias nuevas, contra las que van, no son aún suficientemente fuertes; de otro modo, se habrían impuesto en el cerebro de tales evocadores. Así, la reforma de Lutero atestigua, por ejemplo, que en su siglo todos los sentimientos nacientes de libertad del espíritu eran poco seguros, demasiado tiernos, juveniles; la ciencia no podía todavía alzar la cabeza; el aspecto general del Renacimiento se presentaba como la primavera, que iba a morir y a dejar paso a otra primavera más floreciente. También en el siglo presente la metafísica de Schopenhauer ha comprobado que aún hoy el espíritu científico no es lo suficientemente fuerte: así es como el concepto del mundo y la idea de la humanidad de la Edad Media y cristiana ha podido resucitar en la teoría de Schopenhauer, a pesar del anonadamiento a que por largo tiempo quedaron reducidos todos los dogmas cristianos. Se pregona en su teoría, pero lo que en ella predomina es la ciencia vieja necesidad metafísica, harta conocida. Seguramente una de las mayores ventajas que sacamos de Schopenhauer es que obligue a nuestro sentimiento al retroceso hacia los géneros de concepción del mundo y del hombre. Lo que para la justicia y para la historia es provechosísimo nadie llegaría hoy fácilmente, sin el auxilio de Schopenhauer, a hacer justicia al cristianismo y a sus hermanos asiáticos, cosa, como otras, imposible dentro del propio terreno del cristianismo. Sólo después de haber corregido la concepción histórica sobre punto tan esencial, nos ha hecho posibles tres nombres: Petrarca, Erasmo, Voltaire. Hemos hecho un progreso de la reacción.


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