Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano 25
MORAL PRIVADA Y MORAL UNIVERSAL.— Desde que no se cree en que Dios dirige los destinos del mundo, y a despecho de todas las desviaciones en el camino de la humanidad, los conduce como un señor hasta su término; los hombres se proponen fines económicos que abarcan toda la tierra. Al menos deben proponérselo. La vieja moral, la de Kant, reclama de cada individuo acciones que desearÃa en todos los hombres. Tiene esto algo de bella ingenuidad, como si cada uno supiera que género de acción asegura el bienestar del conjunto de la humanidad, y, por consiguiente, cuáles fueran las acciones que, de un modo general, merecieran ser deseadas; es una teorÃa análoga a la del libre cambio, al establecer en principio que la armonÃa general debe producirse por sà misma conforme a las leyes innatas del mejoramiento. Quizá una mirada sobre el porvenir no haga aparecer como digno de desearse que todos los hombres realicen actos semejantes; quizá se deberÃa más bien, en interés de los fines ecuménicos para toda la extensión de la humanidad, proponer deberes especiales. En cualquier caso, si la humanidad no quiere marchar a su ruina, es necesario, en primer término, que se encuentre un conocimiento de las condiciones de la civilización, superior a todos los alcanzados hasta hoy. En esto consiste el deber de los grandes espÃritus del siglo próximo.
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