Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EMBRIAGUEZ POR EL PERFUME DE LAS FLORES.— Créese comúnmente que la nave de la humanidad tiene mayor porte a medida que se la carga más; se supone que cuanto más profundo es el pensamiento del hombre, más tierno es su sentimiento, más alta estima tiene de sÃ, mayor es su alejamiento de los demás animales. Cuanto más genio parece entre las bestias, más se acerca a la esencia real del mundo y a su conocimiento; es bueno en realidad lo que hace por la ciencia, pero cree hacerlo mejor todavÃa por las religiones y por las artes. Son, en verdad, una florescencia del mundo, que no están en modo alguno más próximas a la raÃz del mundo que el tallo; no se puede sacar de ellos ningún conocimiento mejor entre la ciencia de las cosas, aunque asà se crea. El error ha hecho al hombre bastante profundo, para hacer proceder de él las religiones y las artes. El conocimiento se hubiera descentrado para poderlo realizar. Quien nos descorriera el velo que oculta la esencia del mundo, nos causarÃa una desilusión. No es el mundo como cosa en sÃ, sino el mundo como representación (como error), el rico de sentido, el profundo, el maravilloso, el que lleva en su seno dicha y desgracia. Este resultado conduce a una filosofÃa de negación lógica del mundo, que, por lo demás, puede unirse lo mismo a una afirmación práctica del mundo que a su contraria.
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