Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano MALOS HÁBITOS DEL RAZONAMIENTO.— Las conclusiones erróneas más habituales en el hombre son éstas: una cosa existe, tiene su legitimidad. En este caso se infiere de la capacidad de vivir a la adaptación a un fin, de la adaptación a un fin a su legitimidad. Una opinión es benéfica, luego es verdadera; su efecto es bueno, luego la opinión misma es buena y verdadera. En este caso se aplica al efecto el predicado: benéfico, bueno, en el sentido de útil, y entonces se dota a la causa del mismo predicado: buena, pero en el sentido de valedero lógicamente. La recíproca de estas proposiciones es: una cosa no puede imponerse ni sostenerse, luego es injusta; una opinión atormentada, luego es falsa. El espíritu libre que no aprende a conocer, sino por frecuentes aplicaciones, lo que tiene de viciosa esta manera de razonar y tiene que soportar sus consecuencias, cede a menudo a la tentación seductora de hacer las deducciones contrarias, que de un modo general son igualmente erróneas; una opinión no puede imponerse, luego es buena; causa inquietud, angustia, luego es verdadera.
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