Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano VENTAJAS DE LA OBSERVACIÓN PSICOLÓGICA.— Que la reflexión sobre lo humano, demasiado humano, o usando la expresión técnica, la observación psicológica, forma parte de los medios que permiten hacer más llevadera la carga de la vida; que el ejercicio de este arte procuraba presencia de espÃritu en situaciones difÃciles y distracción en medio de un cÃrculo fastidioso; que se puede, aun de lo más espinoso y desagradable de la propia vida, sacar máximas y ponerse por ellas un poco mejor: es lo que se creÃa y se sabÃa en los siglos precedentes. ¿Por qué se ha olvidado en este siglo en el que, a lo menos en Alemania y aun en Europa, la pobreza de observación psicológica se delatarÃa por bastantes señales con sólo que hubiese gentes de mirada capaz de ver en lo que puede mostrarse? Esto no se encuentra en el romance, la novela y los estudios filosóficos —que son la obra de hombres excepcionales—: Está en los juicios formados sobre los sucesos y las personalidades públicas: pero donde falta más que nada el arte del análisis y del cálculo psicológico es en la sociedad en que se habla mucho de los hombres y nada del hombre. ¿Por qué se deja escapar la más rica y más inocente materia de entretenimiento? ¿Por qué no se lee ya a los grandes maestros, de la máxima psicologÃa? Porque dicho sea sin exageración, hombre culto que haya leÃdo a La Rochefoucauld y sus antecesores en el espÃritu y el arte, es raro encontrarlo en Europa, y mucho más raro todavÃa quien conozca y no los desdeñe. Es probable que ese lector excepcional encuentre menos placer que el que deberÃa producirle la forma de esos artistas, pues aun el cerebro más sutil no es capaz de apreciar suficientemente el arte de sutilizar una máxima, si no ha sido educado para ello y si no lo ha ensayado. Se cree que esta agudeza es más fácil de lo que en realidad es, y no se notan tampoco sus alcances y atractivos. Por eso los actuales lectores de máximas encuentran en ellas un goce relativamente insignificante. Pasa con ellos lo que de ordinario con los examinadores de camafeos: son gentes que alaban porque no son capaces de amar, prontas para la admiración, pero más prontas para la huida.