Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano I
Se me ha dicho repetidas veces, con profunda sorpresa por mi parte, que en todas mis obras, desde El origen de la tragedia hasta Preludios para una filosofía del provenir, había algo de común; se me ha dicho en todas había redes para atrapar pajarillos inocentes, y una especie de provocación al derrumbamiento de todo lo que habitualmente se estima. ¡Cómo! ¿Todo no es humano, demasiado humano? Era la exclamación que, según dicen, arrancaban mis obras, mezclada a cierto sentimiento de horror y de desconfianza. Se ha dicho que mis libros son escuela de desprecio y de valor temerario.