Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano BENEVOLENCIA.— Entre las cosas pequeñas, pero infinitamente frecuentes, y por consiguiente, eficacÃsimas, a las cuales la ciencia debe consagrar mayor atención que a las grandes cosas raras, es necesario contar la benevolencia; me refiero a esas manifestaciones de disposición amistosa en las relaciones, a esa sonrisa de la mirada, a esos apretones de manos, a ese buen humor, de que por lo general casi todos los actos humanos están rodeados. Todo profesor, todo funcionario hace esta adición a lo que es un deber para él; es la forma de actividad constante para la humanidad, es como las ondas de luz en que todo se desenvuelve; particularmente en el cÃrculo más estrecho, en el interior de la familia, la vida no reverdece ni florece sino por esa benevolencia. La cordialidad, la afabilidad, la polÃtica de corazón, son derivaciones siempre resultantes del instinto altruista, y han contribuido mucho más poderosamente a la civilización que aquellas otras manifestaciones más famosas del mismo instinto, que se llaman simpatÃa, misericordia, sacrificio. Pero se tiene el hábito de estimarlas poco, y el hecho es que en ello no entra mucho altruismo. La suma de esas dosis mÃnimas no es menos considerable; su fuerza total constituye una de las fuerzas mayores. Asà se encontrará mucho mayor dicha en el mundo que no viendo con mirada sombrÃa; quiero decir, si uno hace bien sus cálculos y no olvida esos momentos de buen humor de que todo dÃa está lleno en toda vida humana, aún en la más atormentada.