Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano SABER ESPERAR.— Saber esperar es tan difícil, que los más grandes poetas no han desdeñado tomar por asunto de sus poemas el hecho de no saber esperar. Así lo han hecho Shakespeare en Otelo, Sófocles en Ajax: el suicidio de Ajax no hubiera parecido a Sófocles necesario si hubiera dejado calmar su impresión solamente un día, como indica el oráculo; seguramente que hubiese hecho burla de las terribles insinuaciones de la vanidad herida y se habría dicho hablando consigo mismo: «¿Quién no ha tomado, en mi situación, un carnero por un héroe? ¿Hay en ello algo de monstruoso?». Por el contrario, en esto no hay sino un hecho generalmente humano: Ajax hubiera podido así consolarse. La pasión no quiere esperar: lo trágico en la vida de los grandes hombres consiste, no en su conflicto con su época y con la poquedad y bajeza de sus contemporáneos, sino en su incapacidad para postergar su obra un año o dos años. No saben esperar. En todos los duelos los amigos que aconsejan tratan de penetrarse de este punto único: si los duelistas pueden esperar todavía; si esto no puede ser, entonces el duelo es razonable, pues cada uno de los empeñados en él se dice: «O seguiré yo viviendo, en cuyo caso él morirá en el campo de honor, o a la inversa». Esperar sería, en caso semejante, continuar sufriendo el espantoso martirio del honor herido, en presencia de quien lo hirió, y éste puede ser el colmo del sufrimiento, puesto que la misma vida no vale nada.