Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL PODER CALÓRICO MORAL ES DESCONOCIDO.— El hecho de haber o no tenido ciertas impresiones o presenciado ciertos espectáculos, por ejemplo, el de un padre injustamente condenado a muerte o martirizado, de una mujer infiel, de algún cruel ataque de un enemigo, decide que nuestras pasiones lleguen a la temperatura de incandescencia y dirijan toda la vida o no. Nadie sabe hasta dónde pueden llevarle las circunstancias, la piedad, la indignación; nadie conoce el grado de su poder calórico. De miserables pequeñas circunstancias nace lo miserable; no es ordinariamente de la cualidad de los sucesos, sino de la cantidad, de lo que depende la bajeza o la elevación del hombre para el bien o para el mal.
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