Humano, demasiado humano
Humano, demasiado humano EL MÁRTIR A SU PESAR.— Había en cierto partido un hombre que era demasiado torpe y demasiado cobarde para atreverse a contradecir alguna vez siquiera a sus camaradas; se le empleaba en todo, todo se obtenía de él, porque temblaba ante la mala opinión de sus correligionarios más que ante la misma muerte: era un pobre alma débil. El cobarde se decía interiormente siempre y con gusto: «Sí» con los labios, y esto aun en el cadalso, cuando murió en defensa de las ideas de su partido, porque cerca de él veía uno de sus antiguos, compañeros que le tiranizaba con la palabra y con la vista, al punto de que sólo por esto sufrió la muerte, y sin embargo, después ha sido celebrado como un mártir y como un gran carácter.
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ESCALA DE MEDIDA PARA TODOS LOS DÍAS.— Muy rara vez se engañará el hombre si atribuye las acciones sublimes a la vanidad, las medianías a la costumbre y las pequeñas al temor.
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