Humano, demasiado humano

Humano, demasiado humano

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

VANIDAD.— Nos inquietamos de la buena opinión de los hombres, primero porque nos es útil, después porque queremos hacernos con amigos (los hijos de sus padres, los estudiantes de sus maestros y las personas benévolas en general del resto de los hombres). Solamente cuando la buena opinión de los hombres es estimada por alguno prescindiendo de su ventaja o de su deseo de complacer, es cuando hablamos de vanidad. En este caso el hombre quiere complacerse en sí mismo, pero a expensas de los demás, o bien llevándoles a formarse una falsa opinión de él, o bien aspira a un grado tal de «buena opinión», que llegará a hacerse pesado a los demás, excitando su envidia. El individuo quiere, de ordinario, por medio de la opinión de otro, acreditar y fortificar a sus propios ojos la opinión que tiene de sí mismo; pero el poderoso ejercicio de la autoridad —usanza tan antigua como el hombre— lleva a muchas personas hasta a apoyar en la autoridad su propia fe en sí mismo, y por lo tanto, a no recibirla sino de otro: se fían en el juicio de los demás más que en el propio. El interés que uno toma en los vanidosos un nivel tal, que conducen a los demás a una estimación de sí mismo falsa, demasiado elevada, y que en seguida se someten, sin embargo, a la autoridad de los otro: así introducen el error, y al mismo tiempo no desean tanto complacer a otros como complacerse a sí mismos, y que van bastante lejos para descuidar su provecho, pues creen frecuentemente de importancia preparar a sus semejantes a disposiciones desfavorables, hostiles, envidiosas, y por lo tanto, desventajosas para ellos, nada más que por obtener la satisfacción de su yo, el contento de sí mismos.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker