La gaya ciencia
La gaya ciencia «¡Oh, mi codicia! En esta alma no habita el desprendimiento de sÃ, sino, más bien, un sà mismo que apetece todo, que a través de muchos individuos quisiera ver como a través de sus propios ojos y agarrar como con sus propias manos: ¡un sà mismo que recoge también todo el pasado, que no quiere perder absolutamente nada que pudiera pertenecerle! ¡Oh, esta llama de mi codicia! ¡Oh, si yo volviese a nacer en cien seres!». Quien no conozca por propia experiencia este suspiro, no conoce tampoco la pasión del que conoce.
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Culpa
Aunque los más perspicaces jueces de las brujas, e incluso las brujas mismas, estaban convencidos de que la brujerÃa implicaba culpa, sin embargo no habÃa en ella culpa alguna. Eso es lo que sucede con toda culpa.
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Dolientes a los que se ha malentendido