La gaya ciencia
La gaya ciencia 330
Aprobación ajena
Opción El pensador no necesita la aprobación ajena y el aplauso, siempre y cuando esté seguro de su propio aplauso: de este no puede prescindir. ¿Hay personas que también podrían prescindir de él, y en general de todo género de aprobación ajena? Lo dudo: y, Tácito, que no es un calumniador de los sabios, dice respecto de incluso los más sabios: «quando etiam sapientibus gloriae cupido novissima exuitur[45]», lo que en él significa: nunca.
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Mejor sordo que ensordecido
Antes, uno quería forjarse una reputación; ahora esto ya no basta, puesto que el mercado se ha vuelto demasiado grande: hace falta todo un griterío. La consecuencia es que también las buenas gargantas gritan hasta quedarse afónicas, y que las mejores mercancías son ofrecidas por voces roncas; ya no hay ahora genio alguno que no tenga que anunciarse en el mercado a voz en grito, hasta caer en la ronquera. Esta es, en verdad, una mala época para el pensador: tiene que aprender a encontrar su silencio entre dos ruidos y a hacerse el sordo hasta terminar siéndolo. Mientras no haya aprendido esto, corre peligro de perecer de impaciencia y de dolores de cabeza.
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