La gaya ciencia
La gaya ciencia No es un misántropo quien ha escrito este libro: la misantropÃa sale hoy demasiado cara. Para odiar como antes se odiaba a el hombre, timónicamente, en conjunto, sin exceptuar nada, de todo corazón, con todo el amor del odio, para ello habrÃa que renunciar a despreciar: ¡y cuánta delicada alegrÃa, cuánta paciencia, cuánta bondad incluso, tenemos que agradecer precisamente a nuestro despreciar! Además, con él somos los «escogidos de Dios»: el delicado despreciar es nuestro gusto y privilegio, nuestro arte, nuestra virtud quizá, ¡de nosotros, de los más modernos entre los modernos!… En cambio, el odio equipara, pone frente a frente, en el odio hay honra, y, finalmente: en el odio hay miedo, una gran y buena parte de miedo. Pero nosotros los sin miedo, nosotros las personas espirituales de esta época, conocemos nuestra ventaja lo suficientemente bien para, precisamente en nuestra calidad de espirituales, vivir sin tener miedo a esta época. DifÃcilmente se nos decapitará, encerrará o desterrará; ni siquiera se prohibirá y quemará nuestros libros. La época ama el espÃritu, nos ama y necesita, aun cuando tuviésemos que darle a entender que somos artistas en el desprecio; que todo trato con personas nos hace experimentar un ligero estremecimiento; que a pesar de toda nuestra suavidad, paciencia, amabilidad y cortesÃa no podemos persuadir a nuestra nariz de que abandone el prejuicio que tiene contra la cercanÃa de las personas; que amamos más la naturaleza cuanto menos humanamente marchan las cosas en ella, y que amamos el arte cuando es expresión de que el artista huye del hombre o de que el artista se está burlando del hombre o de que el artista se está burlando de sà mismo…