Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal Acaso sean cinco o seis las cabezas en las cuales va abriéndose paso ahora la idea de que también la fÃsica no es más que una interpretación y un amaño del mundo (¡según nosotros!, dicho sea con permiso), y no una explicación del mundo: pero en la medida en que la fÃsica se apoya sobre la fe en los sentidos se la considera como algo más, y durante largo tiempo todavÃa tendrá que ser considerada como algo más, a saber, como explicación. Tiene a su favor los ojos y los dedos, tiene a su favor la apariencia visible y la palpable: esto ejerce un influjo fascinante, persuasivo, convincente sobre una época cuyo gusto básico es plebeyo, —semejante época se guÃa instintivamente, en efecto, por el canon de verdad del sensualismo eternamente popular. ¿Qué es claro, qué está «aclarado»? Sólo aquello que se deja ver y tocar, —hasta ese punto hay que llevar cualquier problema. A la inversa: justo en su oposición a la evidencia de los sentidos residÃa el encanto del modo platónico de pensar, que era un modo aristocrático de pensar, —acaso entre hombres que disfrutaban incluso de sentidos más fuertes y más exigentes que los que poseen nuestros contemporáneos, pero que sabÃan encontrar un triunfo más alto en permanecer dueños de esos sentidos: y esto, por medio de pálidas, frÃas, grises redes conceptuales que ellos lanzaban sobre el multicolor torbellino de los sentidos —la plebe de los sentidos, como decÃa Platón—. En esta victoria sobre el mundo y en esta interpretación del mundo a la manera de Platón habÃa una especie de goce distinto del que nos ofrecen los fÃsicos de hoy, y asimismo los darwinistas y antiteleólogos entre los trabajadores de la fisiologÃa, con su principio de la «fuerza mÃnima» y de la estupidez máxima. «Allà donde el hombre no tiene ya nada que ver y agarrar, tampoco tiene nada que buscar» —éste es, desde luego, un imperativo distinto del platónico, un imperativo que, sin embargo, acaso sea cabalmente el apropiado para una estirpe ruda y trabajadora de maquinistas y de constructores de puentes del futuro, los cuales no tienen que realizar más que trabajos groseros.