Más allá del bien y del mal
Más allá del bien y del mal 33
No queda remedio: es necesario exigir cuentas y someter a juicio despiadadamente a los sentimientos de abnegación, de sacrificio por el prójimo, a la entera moral de la renuncia a sÃ: y hacer lo mismo con la estética de la «contemplación desinteresada», bajo la cual un arte castrado intenta crearse hoy, de manera bastante seductora, una buena conciencia. Hay demasiado encanto y azúcar en esos sentimientos de «por los otros», de «no por mû, como para que no fuera necesario volvernos aquà doblemente desconfiados y preguntar: «¿No se trata quizá —de seducciones?» —El hecho de que esos sentimientos agraden — a quien los tiene, y a quien saborea sus frutos, también al mero espectador, —no constituye aún un argumento a favor de ellos, sino que incita cabalmente ala cautela. ¡Seamos, pues, cautos!
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