Mi hermana y yo
Mi hermana y yo 1
¡Ah, Orestes, la sangre de tu madre pesa sobre tu conciencia, y a tus pies, la cólera vengadora te arrastra al camino de la condena! ¡Madre, estoy colmado de remordimiento; sé que te he asesinado con mi intenso odio, tan grande y ardiente que es capaz de destruir a todas las madres del mundo!
¡Pero Ifigenia[13] expiará mi vil crimen, ella conoce la agonía de Tántalo, el agua que se mofa de sus labios, la fruta que elude la boca entreabierta hasta que el hambre y la sed incitan al espíritu extraviado hacia la locura matricida! ¡Ella expiará mi culpa y la tuya, porque la sacerdotisa de la virtud hundióse conmigo en el pozo más profundo de Tártaro, hacia la insondable perversidad de los egipcios que desafiaron las barreras de consanguinidad! ¡Ah, este dionisíaco frenesí, esta alegría de vivir que transforma en Paraíso a este mundo inferior donde todos los odios y miserias terrenales desaparecen en el éxtasis del momento eterno, y los sombríos pecados se consumen en las llamas de los cometas lanzados a través de los remolineantes abismos del espacio!