Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Era mi temor por el lupanar social lo que me hizo escuchar la súplica de mi hermana para que abandonara a Lou Salomé, ya que conocía mi adolescente obsesión por la condesa y la euroasiática, y me forzó a creer que Lou era una combinación de la frígida y perversa rubia y de la oscura y ardiente morena. Estoy eróticamente crucificado entre las dos ladronas de «blanco» y «negro», y Lama me apartó de la cruz sólo para condenarme a un destino aún más fatal: el sendero del anhelo incestuoso que exigía una sombría consumación de mí atormentada existencia.
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La impotencia del amor cristiano hizo que mi hermana se lanzara a un desesperado esfuerzo para satisfacerse en un área de expresión erótica oscura y prohibida. Adiestrada por mi madre a reprimir sus naturales emociones sexuales, descubrió muy tarde que su esfuerzo para contener sus deseos eróticos sólo desataban un torrente de pasiones tenebrosas y anormales, que fluían a través de su ser, hasta que se convirtió en una fuerza destructiva de la naturaleza, que arrasaba todas las barreras de la moral y de la civilización.
Comenzó a amar eso que menos deseaba, y fui empujado a remolque en las traicioneras y proscritas pasiones que nos sojuzgaron a su tiránica voluntad.