Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Cuando mi presencia física no estaba tan alejada de Elisabeth como para que pudiera olvidarme, en la mayoría de las cosas éramos ella y yo contra el mundo. Pero siempre había en Elisabeth una tendencia a la paz y la comodidad, que es concomitante a la conformidad del statu quo. Apenas me alejaba del hogar, una cantidad de reproches surgían en ella, y en sus cartas. Con la aparición en escena del antisemita Foerster ni siquiera mi presencia la influía ya.
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Una conversación de tres o más personas se convierte en una palestra de las cualidades personales, aunque rara vez determina nada más importante que cuál de los participantes tiene la voz más estridente. Una conversación entre dos personas constituye dos monólogos con series de interrupciones más o menos pacientes.
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