Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Una excursión a América supone un viaje transoceánico, y sospecho que el Atlántico tiene peor humor que yo y es demasiado frío para adular mi concepto noralemán de la felicidad. Me encanta trepar montañas. Imagino lo que será escalar una de esas gigantescas olas del océano, que se mencionan en las novelas de viajes. Me pregunto qué hubiera ocurrido si alguien hubiese inducido a Kant a hacer un viaje oceánico.
8
Es maravilloso recordar aquellos días en Génova, donde viví como un pobre entre los pobres, no dando a los paisanos más que mi simple compasión por su vida infructuosa. Literalmente viví de verduras y agua, pero, seguramente por ello, debo haberles parecido un príncipe disfrazado.
9
Siempre que debo elegir entre ser un pecador público o golpearme el pecho en autohumillación, elijo el papel más humilde. Respecto a Wagner, todos sus apartamientos de las normas tenían que ser vociferados desde los techos de las casas… ¿Qué vio Cósima en ese viejo bodoque?
10