Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Imaginando que estaba en Wittenberg en lugar de Tautenburg, me apropié de la mente obscena de Lutero y vi con sus ojos piadosos a las desnudas brujas alemanas que volaban sobre sus palos de escoba hacia el Broken, donde cada una de ellas, con un cirio en la mano, se aproximaba al entremetido Satán y lo besaba allí donde termina su espalda. Cuando el Diablo me amenazó, repetí el encantamiento de Lutero: besa mí…, y Lucifer, sonrojado hasta sus ladeadas orejas de sátiro, volvió precipitadamente hacia su reino infernal.
Pero sólo en Tautenburg pude creer como Lutero que Dios obra a menudo como un loco (närrisch) estableciendo de antemano los actos de Sus criaturas y hundiéndolas luego en el fuego del infierno si actúan de acuerdo con los deseos predeterminados del Señor, como Adán o Eva, o Judas mismo.
Cuando abandoné Tautenburg perdí a mí judía, pero me adherí al dios de sus padres, el racional Jehová, que recompensa el bien y castiga el mal y cuyo redimente amor provenía de su profunda ira, la divina cólera que causó el estrago entre los filisteos.
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