Mi hermana y yo
Mi hermana y yo ¡Pero basta de trivialidades! Insisto en que nunca fui un nietzscheano, y los que en Inglaterra me alaban por mi brutalidad pagana deben dirigir sus cartas a Treitzschke y a los imperialistas prusianos con los que no tengo nada en común. ¡Asà como Jesús no fue nunca un cristiano y permaneció fiel y temeroso de Jehová, judÃo hasta el fin, yo nunca fui nietzscheano y seguiré siendo un nazareno hasta mi última gota de sangre!
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Mi hermana proclamó la caÃda de Zaratustra en Tautenburg, que anunció al mundo como mi Waterloo moral. Es cierto que mediante su pernicioso y antinatural dominio sobre mis emociones me retrogradó hasta «el pequeño pastor» que zahirió a la señorita Salomé por su liviano comportamiento, y su erótica bohemia. Pero si mi hermana hace de esto un hecho capital[50] y trata de tornar a Nietzsche, el sátiro, en un santo de yeso que fue tentado como San Antonio a pecar, quiero anotar para la posteridad que Tautenburg, más que Naumburg, era mi morada genuina y natural, y que mi mayor deseo ha sido sentarme al lado de Nerón y contemplar a los respetables cristianos mientras eran devorados por los leones.
Es muy apropiado que los dos grandes Anticristos de Occidente, Nerón y Nietzsche, hayan tenido esposas judÃas: de esta manera queda vengada la historia, y apaciguados los océanos de sangre judÃa vertida en nombre del PrÃncipe de la Paz.