Mi hermana y yo
Mi hermana y yo El judío no sólo cultivó el hábito de la divinidad, sino que compartía la afirmación de Plotino: Nuestra empresa no es sólo mantenernos sin pecado sino ser Dios. Jesús pensó que era Dios, y muchos judaicocristianos así como paganos bautizados, realmente creyeron que era el Señor. Por cierto, los instintos democráticos de los judíos impidieron a muchos de ellos, como lo dijo Heine, reconocer a un camarada judío como a Jehová, pero esto no impidió que los antiguos fariseos se esforzaran hacia la divina virilidad, a parecerse a Dios en lo posible. Los apóstoles cristianos que sufrían de agotamiento moral y físico blasfemaron de los fariseos por aproximarse a lo divino, lo cual condujo a creer, durante siglos, que éstos eran sepulcros culpables mientras que los apóstoles, exhaustos y corruptos, constituían modelos de integridad espiritual.
54
El deseo de ser Dios no solamente lo compartían los judíos, sino también los filósofos románticos como yo. Tal como Empédocles saltó a las llamas del Etna, y así como puede pensarse, a la manera de Elías que se elevó en un carro de fuego hacia los dominios de Dios, yo también me arrojé al llameante cráter de la locura para completar mi apoteosis, mi derecho a sentarme en el trono vacío de Jehová.