Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Mas ¿cómo ha de mantenerse el trono de Dios sobre un fragmento del mundo despedazado? Éste fue mi error: ¡haber pensado que una criatura temporal, náufraga, estrellada y dispersada en todas direcciones, pudiera ocupar el lugar del dios de Spinoza que construyó su tribunal sobre los firmes cimientos de la eternidad!
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Con la teoría de que el fuego con fuego ha de combatirse, mi madre deseó que me tratara un loco, un cierto doctor Julius Langbein, quien, imitando mi volumen Schopenhauer Educador, escribió Rembrandt Educador, para probar que Rembrandt puede curarnos de cualquier cosa, incluso de cólicos y de sabañones. Cuando estaba en el manicomio yo esperaba su llegada con gran deleite, porque por comparación sentíame cuerdo y sobrio. Ahora que he vuelto a Naumburg sólo me recuerda el triste hecho de que únicamente los que están en su sano juicio viven presos en los asilos de lunáticos.
El profesor, constituye la enfermedad nacional alemana, y el doctor Langbein, que parece ser un profesor de estética, exhala la enfermedad nacional por todos los poros. Infiero de su alborotada charla que las mentes quebradas pueden componerse concentrándose en bellas pinturas, pero yo prefiero concentrarme en mujeres hermosas, que son criaturas de carne y hueso, obras maestras que ni siquiera Rembrandt puede imitar.