Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Todo se puede adquirir en la soledad, excepto la cordura.
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Un hombre solamente puede vivir mientras esté ebrio, ebrio de vino, de mujeres, de ideas o de pasión mesiánica. Y en mi sed dionisÃaca me he intoxicado con todo, aun con la humanidad de los monos de Darwin y de los positivistas.
Pero aunque pruebe, no puedo hacerme budista y emborracharme hasta la muerte. La idea de hundirme en la nada me horroriza; como a Dostoyevski, el glacial horror a la eternidad me vence; dormir un billón de años y nunca más ver el alba que se eleva sobre las montañas…; nunca más…, nunca más.
Por eso los hombres necesitan el mito de Dios. Sólo somos un conglomerado de partÃculas, accidentales y sin sentido, y este hecho es terrible de soportar. De ahà que Dios o el hombre sea quien toma Su lugar en nuestra fantasÃa…