Mi hermana y yo
Mi hermana y yo Para satisfacer sus más profundas necesidades, el labriego (¡hombre feliz!) sólo tiene que obedecer a su inmediato superior en la comunidad, y continuar su labranza continuamente persuadido de que el funcionario al que obedece pierde a menudo su situación de intimidad con el rey de su paÃs. Recordar periódicamente que a uno de sus propios superiores —digamos aquel que en términos de privilegio está colocado tres veces sobre él—, se le ha revelado, y está tan lejos de la esfera del rey como lo está el mismo rey de la esfera de Dios, debe mantener al labrador en un claro equilibrio entre lo correcto y lo erróneo, entre el deseo del bien y su alejamiento del mal.
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Las llamadas leyes de la naturaleza no son órdenes. Son uniformidades observadas en todas las leyes que parecen órdenes sólo en cuanto provengan de un ser inteligente. Nuestra moral y las leyes divinas llegan a nosotros por el mismo camino. Contribuimos tanto a la comprensión y embriagamiento de las leyes divinas como a la comprensión y embriagamiento de las leyes de la naturaleza.
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