Mi hermana y yo
Mi hermana y yo La identificación indiscriminada de las cosas a las cuales el lenguaje común le da el nombre de ley, era y sigue siendo una fuente de confusión. Cada vez que un jurista se desvÃa hacia la ciencia, abusa de la ley. Cada vez que un cientÃfico se convierte en legislador, cierra tras él la puerta de su laboratorio.
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Como consecuencia de la intervención de los economistas en la ley puramente cientÃfica, algunos principios de economÃa parecen haber adquirido un doble carácter: el de las generalizaciones cientÃficas y el de las reglas que pueden ser desobedecidas impunemente.
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El mayor mal que puede sobrevenir ahora a un Estado es encontrarse en espÃritu de lucha con respecto a alguna ley, cuando una facción del Estado está en perfecto acuerdo con ella, mientras que otra, quizás una minorÃa, piensa que constituye una violación de su derecho natural.
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El mayor mal de la ley civil es que su valor se estima por el valor de la palabra, y que la palabra ha llegado a ser la clave de su análisis y de su aplicabilidad. Se puede llamar a esto el espÃritu «narcisista» de la ley, sólo que, en cualquiera de los casos, se ha perdido muy poco amor.
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