Mi hermana y yo
Mi hermana y yo La causa de mi oposición a los médicos de aquÃ, es especialmente su conversación, el vacÃo e inútil palabrerÃo que promueven sobre ellos y a su alrededor. Recuerdo un trabajo de puntadas y costuras perpetrado en mi anatomÃa cuando, siendo joven, y mientras montaba un caballo, fui arrojado contra el pomo de la montura y me lastimé el pecho y el costado. Sólo en esas oportunidades, cuando la carne está desgarrada y los huesos rotos, el médico es verdaderamente útil.
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La soledad es lo que más me hace padecer aquÃ, aunque no es una sensación nueva para mÃ. Pero hay muchas clases de soledad. Existe la soledad de los lugares, la menos dañina de las soledades porque cuando se vive lejos de un lugar querido, nace la esperanza y el deseo de un futuro en el cual el espÃritu humano puede felizmente confiar y trae consuelo. Existe también la soledad de una alta aspiración, la más bendita de las soledades, que involucra no sólo planes para sà mismo sino para la humanidad en general, y no necesita asà cuidarse de las probables contrariedades que acarrea. Y por fin, está desgraciadamente la soledad que tiene una falta total de compensaciones, la soledad debida al fracaso del individuo para alcanzar un entendimiento común con el mundo. Ésta es la soledad más amarga de todas, la que corroe el corazón de mi existencia.
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