La rebelión de las masas
La rebelión de las masas ¡Ahà es nada la cantidad de ingredientes, los más dispares entre sÃ, que es menester reunir y agitar para obtener el cocktail de la ciencia fÃsicoquÃmica! Aun contentándose con la presión más débil y somera del tema, salta ya el clarÃsimo hecho de que en toda la amplitud de la tierra y en toda la del tiempo, la fisicoquÃmica sólo ha logrado constituirse, establecerse plenamente en el breve cuadrilátero que inscriben Londres, BerlÃn, Viena y ParÃs. Y aun dentro de ese cuadrilátero, sólo en el siglo XIX. Esto demuestra que la ciencia experimental es uno de los productos más improbables de la historia. Magos, sacerdotes, guerreros y pastores han pululado donde y como quiera. Pero esta fauna del hombre experimental requiere, por lo visto, para producirse, un conjunto de condiciones más insólito que el que engendra al unicornio. Hecho tan sobrio y tan magro debÃa hacer reflexionar un poco sobre el carácter supervolátil, evaporante, de la inspiración cientÃfica.[31] ¡Lucido va quien crea que si Europa desapareciese podrÃan los norteamericanos continuar la ciencia!
ImportarÃa mucho tratar a fondo el asunto y especificar con toda minucia cuáles son los supuestos históricos, vitales de la ciencia experimental y, consecuentemente, de la técnica. Pero no se espere que, aun aclarada la cuestión, el hombre-masa se darÃa por enterado. El hombre-masa no atiende a razones, y sólo aprende en su propia carne.