La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Pero las ciencias experimentales sà necesitan de la masa, como ésta necesita de ellas, so pena de sucumbir, ya que en un planeta sin fisicoquÃmica no puede sustentarse el número de hombres hoy existentes.
¿Qué razonamientos pueden conseguir lo que no consigue el automóvil, donde van y vienen esos hombres, y la inyección de «pantopón», que fulmina, milagrosa, sus dolores? La desproporción entre el beneficio constante y patente que la ciencia les procura, y el interés que por ella muestran es tal que no hay modo de sobornarse a sà mismo con ilusorias esperanzas y esperar más que barbarie de quien asà se comporta. Máxime si, según veremos, este despego hacia la ciencia como tal, aparece, quizá con mayor claridad que en ninguna otra parte, en la masa de los técnicos mismos —de médicos, ingenieros, etc.—, los cuales suelen ejercer su profesión con un estado de espÃritu idéntico en lo esencial al de quien se contenta con usar del automóvil o comprar el tubo de aspirina, sin la menor solidaridad Ãntima con el destino de la ciencia, de la civilización.