La rebelión de las masas
La rebelión de las masas Esto es lo que ha hecho que La rebelión de las masas sea tantas veces malentendida. Por ejemplo cuando Ortega habla de «masas», los interesados dieron por supuesto, para bien o para mal, que Ortega hablaba de «masas obreras». El autor dice una vez y otra que no se trata de eso, pero es inútil. Repite que no habla de clases sociales, sino de clases de hombres: en vano. Cuando habla del «hombre-masa» recalca que una cosa es la masa y otra el hombre-masa; que toda sociedad está compuesta de una masa y una minoría, y que el «hombre-masa» es una anormalidad, una deformación patológica que puede ocurrir, que la masa de una sociedad podría no contener ni un solo «hombre-masa». Cuando habla de minorías selectas o rectoras explica que no se trata de clases sociales, ni siquiera de grupos sociales, sino de funciones, de manera que a la minoría rectora se pertenece transitoriamente mientras se ejerce una función para la cual se tiene particular competencia, para la que se está especialmente cualificado, y ese mismo individuo se reintegra a la masa tan ponto como termina esa operación, para dejar su puesto a los que cumplan condiciones análogas en la nueva empresa.