Meditaciones del Quijote
Meditaciones del Quijote El germen del realismo se halla en un cierto impulso que lleva al hombre a imitar lo caracterÃstico de sus semejantes o de los animales. Lo caracterÃstico consiste en un rasgo de tal valor dentro de una fisonomÃa —persona, animal o cosa—, que al ser reproducido suscita los demás, pronta y enérgicamente, ante nosotros, los hace presentes. Ahora bien: no se imita por imitar: este impulso imitativo —como las formas más complejas de realismo que quedan descritas— no es original, no nace de sà mismo. Vive de una intención forastera. El que imita, imita para burlarse. Aquà tenemos el origen que buscamos: el mimo.
Sólo, pues, con motivo de una intención cómica parece adquirir la realidad un interés estético. Esto serÃa una curiosÃsima confirmación histórica de lo que acabo de decir acerca de la novela.
Con efecto, en Grecia, donde la poesÃa exige una distancia ideal a todo objeto para estetizarlo, sólo encontramos temas actuales en la comedia. Como Cervantes, echa mano Aristófanes de las gentes que roza en las plazuelas y las introduce dentro de la obra artÃstica. Pero es para burlarse de ellas.