1984
1984 Del fondo del pasillo llegaba un aroma a café tostado -café de verdad, no café de la Victoria-, un aroma penetrante. Winston se detuvo involuntariamente. Durante unos segundos volvió al mundo medio olvidado de su infancia. Entonces se oyó un portazo y el delicioso olor quedó cortado tan de repente como un sonido.