1984
1984 Durante una semana después, la vida fue para Winston como una pesadilla. Al día siguiente, la joven no apareció por la cantina hasta el momento en que él se marchaba cuando ya había sonado la sirena. Seguramente, la habían cambiado a otro turno. Se cruzaron sin mirarse. Al día siguiente, estuvo ella en la cantina a la hora de costumbre, pero con otras tres chicas y debajo de una telepantalla. Pasaron tres días insoportables para Winston, en que no la vio en la cantina. Tanto su espíritu como su cuerpo habían adquirido una hiper-sensibilidad que casi le imposibilitaba para hablar y moverse. Incluso en sueños no podía librarse por completo de aquella imagen. Durante aquellos días no abrió su Diario. El único alivio lo encontraba en el trabajo; entonces conseguía olvidarla durante diez minutos seguidos. No tenía ni la menor idea de lo que pudiera haberle ocurrido y no había que pensar en hacer una investigación. Quizá-la hubieran vaporizado, quizá se hubiera suicidado o, a lo mejor, la habían trasladado al otro extremo de Oceanía.
La posibilidad a la vez mejor y peor de todas era que la joven, sencillamente, hubiera cambiado de idea y le rehuyera.