1984

1984

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Se dirigió lentamente hacia el norte de la plaza y tuvo el placer de identificar la iglesia de San Martín, cuyas campanas -cuando existían- habían cantado aquello de «me debes tres peniques». Entonces vio a la chica parada al pie del monumento, leyendo o fingiendo que leía un cartel arrollado a la columna en espiral.

No era prudente acercarse a ella hasta que se hubiera acumulado más gente. Había telepantallas en todo el contorno del monumento. Pero en aquel mismo momento se produjo una gran gritería y el ruido de unos vehículos pesados que venían por la izquierda. De pronto, todos cruzaron corriendo la plaza. La joven dio la vuelta ágilmente junto a los leones que formaban la base del monumento y se unió a la desbandada.

Winston la siguió. Al correr, le oyó decir a alguien que un convoy de prisioneros eurasiáticos pasaba por allí cerca.






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