1984
1984 Ella habÃa empezado ya a alejarse, pero se acercó un momento, a cada instante más intranquila. Incluso se inclinó sobre el precipicio para ver donde señalaba Winston. Él es taba un poco más atrás y le puso la mano en la cintura para sostenerla. No habÃa nadie en toda la extensión que se abarcaba con la vista, no se movÃa ni una hoja y ningún pájaro daba señales de presencia. Entonces pensó Winston que estaban completamente solos y que en un sitio como aquél habÃa muy pocas probabilidades de que tuvieran escondido un micrófono, e incluso si lo habÃa, sólo podrÃa captar sonidos. Era la hora más cálida y soñolienta de la tarde.
El sol deslumbraba y el sudor perlaba la cara de Winston. Entonces sé le ocurrió que...
-¿Por qué no le diste un buen empujón? dijo Julia-. Yo lo habrÃa hecho.
-SÃ, querida; yo también lo habrÃa hecho si hubiera sido la misma persona que ahora soy. Bueno, no estoy seguro...
-¿Lamentas ahora haber desperdiciado la ocasión?
-SÃ. En realidad me arrepiento de ello.