1984
1984 -Eso es verdad elijo Winston con un poco más de esperanza-. No pueden penetrar en nuestra alma. Si podemos sentir que merece la pena seguir siendo humanos, aun que esto no tenga ningún resultado positivo, los habremos derrotado.
Y pensó en la telepantalla, que nunca dormÃa, que nunca se distraÃa ni dejaba de oÃr. PodÃan espiarle a uno dÃa y noche, pero no perdiendo la cabeza era posible burlarlos. Con toda su habilidad, nunca habÃan logrado encontrar el procedimiento de saber lo que pensaba otro ser humano. Quizás esto fuera menos cierto cuando le tenÃan a uno en sus manos. No se sabÃa lo que pasaba dentro del Ministerio del Amor, pero era fácil figurárselo: torturas, drogas, delicados instrumentos que registraban las reacciones nerviosas, agota-miento progresivo por la falta de sueño, por la soledad y los interrogatorios implacables y persistentes. Los hechos no podÃan ser ocultados, se los exprimÃan a uno con la tortura o les seguÃan la pista con los interrogatorios. Pero si la finalidad que uno se proponÃa no era salvar la vida sino haber sido humanos hasta el final, ¿qué importaba todo aquello? Los sentimientos no podÃan cambiarlos; es más, ni uno mismo podrÃa suprimirlos.. Sin duda, podrÃan saber hasta el más pequeño detalle de todo lo que uno hubiera hecho, dicho o pensado; pero el fondo del corazón, cuyo contenido era un misterio incluso para su dueño, se mantendrÃa siempre inexpugnable.