1984
1984 Se levantó de la silla y se acercó a ellos cruzando parte de la silenciosa alfombra. Algo del ambiente oficial parecÃa haberse desprendido de él al terminar con las palabras de neolengua, pero su expresión era más severa que de costumbre, como si no le agradara ser interrumpido. El terror que ya sentÃa Winston se vio aumentado por el azoramiento corriente que se experimenta al serle molesto a alguien. CreÃa haber cometido una estúpida equivocación. Pues ¿qué prueba tenÃa él de que OBrien fuera un conspirador polÃtico? Sólo un destello de sus ojos y una observación equÃvoca. Aparte de eso, todo eran figuraciones suyas fundadas en un ensueño. Ni siquiera podÃa fingir que habÃan venido solamente a recoger el diccionario porque en tal caso no podrÃa explicar la presencia de Julia. Al pasar O'Brien frente a la telepantalla, 'pareció acordarse de algo. Se detuvo, volvióse y giró una llave que habÃa en la pared. Se oyó un chasquido. La voz se habÃa callado de golpe.
Julia lanzó una pequeña exclamación, un apagado grito de sorpresa. En medio de su pánico, a Winston le causó aquello una impresión tan fuerte que no pudo evitar estas palabras:
--¿Puedes cerrarlo?
-SÃ -dijo OBrien-; podemos cerrarlos. Tenemos ese privilegio.