1984
1984 Se despertó con la sensación de haber dormido mucho tiempo, pero una mirada al antiguo reloj le dijo que eran sólo las veinte y treinta. Siguió adormilado un rato; le despertó otra vez la habitual canción del patio:
Era sólo una ilusión sin esperanza
Que pasó como un dÃa de abril,
pero aquella mirada, aquella palabra
y los ensueños que despertaron
me robaron el corazón.
Esta canción conservaba su popularidad. Se oÃa por todas partes. HabÃa sobrevivido a la Canción del Odio. Julia se despertó al oÃrla, se estiró con lujuria y se levantó.
-Tengo hambre -dijo—. Vamos a hacer un poco de café. ¡Caramba) La estufa se ha apagado y el agua es-tá frÃa. -Cogió la estufa y la sacudió-. No tiene ya gasolina.
-Supongo que el viejo Charrington podrá dejarnos alguna -dijo Winston.
-Lo curioso es que me habÃa asegurado de que estuviera llena añadió ella-. Parece que se ha enfriado.
Él también se levantó y se vistió. La incansable voz proseguÃa: