1984
1984 Me oyó decir aquello y llamó a la patrulla al día siguiente. No se le puede pedir más lealtad política a una niña de siete años, ¿no te parece? No le guardo ningún rencor. La verdad es que estoy orgulloso de ella, pues lo que hizo demuestra que la he educado muy bien.
Anduvo un poco más por la celda mirando varias veces, con deseo contenido, a la taza del retrete. Luego, se bajó a toda prisa los pantalones.
-Perdona, chico -dijo-. No puedo evitarlo. Es por la espera, ¿sabes?
Asentó su amplio trasero sobre la taza. Winston se cubrió la cara con las manos.
-¡Smith! -chilló la voz de la telepantalla-. ¡6079 Smith W! Descúbrete la cara. En las celdas, nada de ta-parse la cara.
Winston se descubrió el rostro. Parsons usó el retrete ruidosa y abundantemente. Luego resultó que no funcionaba el agua y la celda estuvo oliendo espantosamente durante varias horas.
Se llevaron a Parsons. Entraron y salieron más presos, misteriosamente. Una mujer fue enviada a la