1984
1984 -¡Claro que soy culpable! -exclamó Parsons mirando servilmente a la telepantalla-. ¿No creerás que el Partido puede detener a un hombre inocente? -Se le calmó su rostro de rana e incluso tomó una actitud beatÃfica-. El crimen del pensamiento es una cosa horrible dijo sentenciosamente-. Es una insidia que se apodera de uno sin que se dé cuenta. ¿Sabes cómo me ocurrió a mÃ? ¡Mientras dormÃa! SÃ, asà fue. Me he pasado la vida trabajando tan contento, cumpliendo con mi deber lo mejor que podÃa y, ya ves, resulta que tenÃa un mal pensamiento oculto en la cabeza. ¡Y yo sin saberlo! Una noche, empecé a hablar dormido, y ¿sabes lo que me oyeron decir?
Bajó la voz, como alguien que por razones médicas tiene que pronunciar unas palabras obscenas.
-¡Abajo el Gran Hermano! SÃ, eso dije. Y parece ser que lo repetà varias veces. Entre nosotros, chico, te confesaré que me alegró que me detuvieran antes de que la cosa pasara a mayores. ¿Sabes lo que voy a decirles cuando me lleven ante el tribunal? «Gracias -les diré-, «gracias por haberme salvado antes de que fuera demasiado tarde». -¿Quién te denunció? -dijo Winston.
-Fue mi niña -dijo Parsons con cierto orgullo dolido-. Estaba escuchando por el agujero de la cerradura.