1984
1984 -Has pensado engañarme -le dijo-. Ha sido una tonterÃa por tu parte. Ponte más derecho y mÃrame a la ca-ra. Después de unos minutos de silencio, prosiguió en tono más suave:
-Estás mejorando. Intelectualmente estás ya casi bien del todo. Sólo fallas en lo emocional. Dime, Winston, y recuerda que no puedes mentirme; sabes muy bien que descubro todas tus mentiras. Dime: ¿cuáles son los verdaderos sentimientos que te inspira el Gran Hermano?
-Lo odio.
-¿Lo odias? Bien. Entonces ha llegado el momento de aplicarte el último medio. Tienes que amar al Gran Hermano. No basta que le obedezcas; tienes que amarlo.
Empujó delicadamente a Winston hacia los guardias.
-Habitación 101 -dijo.
En cada etapa de su encarcelamiento habÃa sabido Winston -o creyó saber- hacia dónde se hallaba, aproximadamente, en el enorme edificio sin ventanas. Probablemente, habÃa pequeñas diferencias en la presión del aire. Las celdas donde los guardias lo habÃan golpeado estaban bajo el nivel del suelo. La habitación donde O'Brien lo habÃa interrogado estaba cerca del techo. Este lugar de ahora estaba a muchos metros bajo tierra. Lo más profundo a que se podÃa llegar.
