Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña Era verdad. La mitad de nuestros fusiles estaban inutilizados por el barro. Podían limpiarse, pero es peligroso sacar el cerrojo de un fusil en la oscuridad, donde fácilmente puede extraviarse. Carecíamos de todo medio de iluminación, salvo una pequeña linterna que mi esposa había logrado comprar en Barcelona. Unos pocos hombres que habían conservado sus fusiles en condiciones iniciaron un fuego desganado contra los lejanos resplandores. Nadie se atrevía a disparar demasiado seguido, pues hasta los mejores fusiles podían encasquillarse si se recalentaban. Éramos unos dieciséis dentro del parapeto, incluidos los pocos heridos. Algunos de éstos, ingleses y españoles, habían quedado al otro lado. Patrick O’Hara, un irlandés de Belfast que tenía cierta experiencia en primeros auxilios, iba de un lado a otro con paquetes de vendas vendando a los heridos. Cada vez que regresaba al parapeto, y a pesar de sus indignados gritos de ¡POUM!, se exponía incluso al fuego de los propios compañeros.